Ukiyo-e, las pinturas del mundo flotante

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El arte del ukiyo-e (浮世絵, “pintura del mundo flotante“) se originó en la metrópolis de Edo (hoy en día Tokyo) durante un periodo en el que el poder militar estaba en manos de los shogunes, y el país se encontraba aislado del resto del mundo. Este arte está conectado con los placeres de los teatros, restaurantes, casas de té, las geishas y cortesanos de la ciudad más grande de la época.

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El origen del nombre sugiere tristeza (uki) y vida (yo). Esta corriente pictórica floreció en una época de paz y prosperidad en el siglo XVII, cuando emergió otro concepto que significaba “flotar”: ukiEn lugar de connotar tristeza, ukiyo se llegó a asociar con los placeres momentáneos y terrenales de la clase media emergente de Japón. Incapaces de poder cambiar su estatus por las normas que regulaban cada aspecto de sus vidas, desde el comportamiento hasta el código de vestimenta, pasando por el tamaño de sus casas, los ciudadanos acaudalados encontraron una válvula de escape en los teatros kabuki que tenían licencia. Ahí se podía ver a actores interpretar las últimas obras, o pasar el tiempo con cortesanas hermosas que interpretaban música y recitaban poesía.

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Los cuadros de estas actividades diarias pronto se convirtieron en un género especializado. Por primera vez en la historia, la gente común tenía suficiente dinero para comisionar obras que reflejaran sus propios intereses y actividades. Ellos eran patrones de los artistas que crearon este género caracterizado por líneas sinuosas y colores brillantes.

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Algunos artistas hacían impresiones de madera, que eran una alternativa económica que facilitó que cualquiera tuviera acceso a estas pinturas. Estos trabajos se conocieron como nishiki-e o impresiones de brocado. Las pinturas necesitaban de la colaboración de varias personas: un publicista, que financiaba el proyecto; un artista que diseñaba la imagen; y talladores de madera e impresores que lo reproducían. La demanda de imágenes de bellas mujeres y apuestos actores de kabuki fue alta en todo el siglo XVIII, pero para el siglo XIX los compradores exigían nuevos temas como paisajes, aves, flores y héroes legendarios.

Muchos cuadros de ukiyo-e de Utamaro o Sharaku son en realidad afiches que anunciaban obras de teatro y burdeles, o retratos de ídolos y actores populares, o de mujeres de las casas de té. Sin embargo, el ukiyo-e no sólo retrataba los placeres terrenales, sino que también plasmaba el amor por la naturaleza en pintores como Hokusai y Hiroshige.

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