El primer ministro de Japón, Shinzo Abe presentando la reforma a la política migratoria
El primer ministro de Japón, Shinzo Abe presentando la reforma a la política migratoria

Una política migratoria estricta ha hecho a que Japón sea uno de los países más ancianos y homogéneos. Ahora, el primer ministro Shinzo Abe pretende invitar hasta medio millón de trabajadores extranjeros, lo que pone a prueba la tolerancia al cambio de la sociedad.

Abe se prepara para introducir una legislación que permita a los migrantes comenzar a llenar puestos en los sectores más afectados por la reducción de la población desde el año que viene. Aunque el gobierno no ha hecho público la cifra, los medios locales, incluyendo Kyodo News han reportado números que representarían un 40% de incremento en los 1.3 millones de trabajadores extranjeros que actualmente viven en el país.

Una reforma histórica

Como una señal de emergencia, el gobierno de Abe anunció que Abril será la fecha de inicio de la política migratoria, incluso antes de que se someta a debate en el congreso. La propuesta es una de las primeras que busca pasar después de ganar por tercera vez consecutiva en un evento histórico para el Partido Liberal Democrático.

Si se pasa la legislación, podría ser el cambio en política migratoria más grande de Japón desde los noventas, cuando por pirmera vez permitió practicantes de países asiáticos. Los extranjeros sólo conformaban el 1.7% de la población, comparado con 3.4% en Corea del Sur y 12% en Alemania.

Oposición a la política migratoria

Manifestantes en contra de la política migratoria se reunieron el 14 de octubre
Manifestantes en contra de la política migratoria se reunieron el 14 de octubre

Abe recordó los riesgos de avanzar la legislación el domingo cuando más de 100 manifestantes marcharon por las calles del distrito comercial de Ginza, ondeando la bandera imperial y exigiendo que se retirara la propuesta. Aunque el grupo fue superado por la policía y se enfrentó a opositores que gritaban “racistas, regresen a casa”, los manifestantes expresaron el sentimiento anti inmigrante que se presenta en otros países desarrollados en años recientes.

El grupo se llama “Japón primero”, en alusión al presidente estadounidense Donald Trump y su slogan de campaña “America First”. “Los partidos de extrema derecha tienen poco apoyo en Japón,” dice Eriko Suzuki, profesora que investiga la inmigración a Japón en la Universidad de Kokuhsikan. “Pero hay más gente, como una armada de reserva, a los que les preocupa admitir más extranjeros. Si el gobierno no implementa las políticas adecuadas, aumentará la insatisfacción.”

El riesgo de no actuar podría ser igual de dañino, a que la población decreciente de Japón ha causado estragos en la economía. En una encuesta publicada por la Cámara de Comercio e Industri ade Japón en junio, dos tercios de las compañías han admitido que les faltan trabajadores. El número de las compañías que se reducen de tamaño por la falta de mano de obra subió a 40% en la primera mitad del año fiscal, en comparación al mismo periodo en el 2017, de acuerdo a Teikoku Databank Ltd.

El plan de Abe será introducido a la primera sesión del parlamento a finales del mes, y pide crear dos clases para trabajadores extranjeros en 10 industrias que no han sido especificadas todavía. Trabajadores de collar azul podrán quedarse hasta cinco años, pero no se les permitirá traer a sus familias. Trabajadores profesionales podrán quedarse un tiempo más prolongado y llevar a sus familias. El secretario del cabinete Yoshihide Suga dijo a inicios del mes que el número total de nuevos trabajadores no ha sido determinado.

“Es un cambio en la marea en política migratoria de Japón”, dijo Ippei Torii de la Red de Solidaridad con los Migrantes de Japón, quien por décadas ha trabajado para apoyar a trabajadores extranjeros en problemas. “Japón finalmente está ingeniándoselas para resolver estos problemas”.

Mikio Okamura, director del capítulo de Tokyo de Japón Primero llamó al gobierno a gastar dinero en mejorar la paga y las condiciones de vida de los ciudadanos japoneses, en lugar de depender de los extranjeros.

“Antes de que dejes a los extranjeros entrar, deberías preocuparte por los desempleados japoneses. Queremos que se use el dinero de los impuestos en eso,” dijo Okamura. “Así, tendríamos a japoneses que cuiden de los ancianos. Sería el mejor resultado para lso japoneses y los extranjeros.”

Otros grupos menos radicales, como la Confederación de la Unión de Comerciantes de Japón cuestionó la falta de debate público en una carta entregada al gobierno en agosto. El grupo, conocido como Rengo, dijo que los trabajadores extranjeros no deberían ser admitidos sin antes una consideración cuidadosa.

La historia de la escasa migración a Japón

Hubo enfrentamientos de grupos en contra del racismo y los manifestantes.
Hubo enfrentamientos de grupos en contra del racismo y los manifestantes.

Japón ha tenido a lo largo de la historia dificultades para atraer trabajadores de cuello azul. El país invitó a brasileños y peruanos de ascendencia japonesa cuando la economía estaba en crecimiento, pero terminó por ofrecerles dinero a cambio de que dejaran el país durante la crisis financiera del 2008.

Un sistema que aceptaba practicantes fue lanzado en 1993, aunque la mayoría de inmigrantes eran asiáticos. El propósito era la transferencia de habilidades y conocimiento a países en desarrollo, pero terminó por ser mano de obra con sueldos más bajos, a la vez que muchas empresas impedían que los inmigrantes dejaran sus trabajos, en los que eran tratados mal.

Los medios regularmente reportan casos de estudiantes extranjeros que tienen dificultades para pagar deudas masivas de agentes sospechosos que los llevaron a Japón.

Algunos de estos problemas pretenden ser resueltos con los lineamientos de la nueva legislación. En ella, los trabajadores extranjeros deben ser pagados al menos lo mismo que sus contrapartes japonesas, y se les debe permitir cambiar de trabajo dentro del mismo sector.

Algunos economistas se preocupan que la migración vaya a mantener los sueldos bajos, contrario a las políticas de Abe que tienen el objetivo de aumentar los ingresos. El flujo de inmigrantes detendría el progreso necesario en productividad, dice Yoichi Kaneko, antiguo congresista y economista en la OCDE.

“La falta de mano de obra es una realidad, pero si traes extranjeros, las condiciones laborales no mejorarán y el salario mínimo no aumentará,” dice Kaneko. “Puede ser bueno para las compañías, pero para los trabajadores en general no.”

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