metro en Japón
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En una época en la que el mundo trata de revertir el cambio climático, es relevante comparar a Japón, que enfatiza las vías ferroviarias eléctricas compartidas, con Estados Unidos, que se enfoca en vehículos de combustibles fósiles personales.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los líderes de Japón y de Estados Unidos escogieron diferentes estrategias de infraestructura que se reflejaron en las realidades domésticas de cada país. Japón, que importa todos sus combustibles fósiles, decidió construir una red de trenes y metros complementada por caminos. Estados Unidos, por su lado, era el mayor productor de petróleo en el mundo y reemplazó los trenes de pasajeros y tranvías por una amplia red de carreteras.

Ambos gobiernos gastaron billones de dólares para construir sus sistemas nuevos. Sin embargo, una estrategia rindió frutos, mientras que la otra se encuentra en un callejón sin salida.

tren en Japón
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La capital de Japón cuenta con más de 300 kilómetros de vías férreas que conectan 285 estaciones a lo largo de 13 líneas de metro. Los autobuses públicos cruzan de un lado a otro de la ciudad, y en cada esquina hay una parada de autobús.

Los trenes bala conectan a las grandes ciudades, con al menos uno partiendo cada hora entre Osaka y Kyoto. A una velocidad de más de 240 kilómetros por hora, estos trenes son mucho más convenientes que manejar un auto. Los trenes regionales conectan casi cualquier aldea, y una red ferroviaria sofisticada conecta hasta a las islas del mar de Seto.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Japón decidió disuadir a la gente de utilizar vehículos personales. Las carreteras cargan tarifas de hasta 70 dólares para manejar 300 kilómetros a una velocidad máxima de 100 kilómetros por hora. El combustible tiene impuestos altos, y el ingreso se utiliza para subsidiar vías férreas rápidas y eficientes.

Por su lado, Estados Unidos construyó su red de carreteras interestatales, y líderes locales y estatales clausuraron los trenes de pasajeros y tranvías para hacer espacio para carreteras arteriales de seis carriles. Texas era el mayor productor de petróleo a nivel mundial en los cincuentas, y para incentivar a la industria, el gobierno tendió carreteras y puso un impuesto bajo a los combustibles.

Las ciudades estadounidenses redujeron el sistema de transporte público a un estado lamentable. Un viaje de 10 kilómetros llega a tomar más de hora y media. Un periodista alemán escribió recientemente un valioso artículo para The Chronicle en el que relata lo imposible que es confiar en el sistema de autobuses y trenes de Houston, un reporte que describe la situación de la mayoría de ciudades típicas estadounidenses.

Décadas después, los sistemas estadounidense y japonés han alcanzado un grado de madurez, con uno más sustentable y escalable que el otro.

Mientras la población de Japón crecía, las compañías de trenes y metros extendieron sus rutas y aumentaron la frecuencia. Los metros salen cada cinco minutos, y los trenes interurbanos salen hasta cada 15 minutos. Aumentar la capacidad es tan sencillo como agregar un vehículo más.

Carretera estadounidense
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Las carreteras estadounidenses se llenan tan pronto como los gobiernos agregan carriles. La gente que viaja al trabajo a diario en San Antonio pasa 51 horas al año atorados en el tráfico, de acuerdo al reporte de movilidad urbana de la Texas A&M University. A pesar de los miles de millones que se gastan en expandir las carreteras, los números cambian poco, para luego volver a la norma.

Las elecciones políticas de ambos países definieron el desarrollo urbano de ambos países en las siguientes décadas. En un país creó un sistema de transporte eficiente y sustentable. En el otro, creó una cultura centrada en autos grandes que tragan combustible. ¿Cómo se verían las urbes estadounidenses si hubieran adoptado la estrategia de Japón?