Gobierno ordena cancelar programas de Ciencias Sociales y Humanidades

En días recientes la gente que lee noticias sobre Japón está al pendiente de notas como la situación económica o el reciente disturbio en la cámara debido a la reinterpretación de la constitución. Sin embargo hubo un cambio enorme que pasó desapercibido en las políticas educativas de Japón. En resumen, el gobierno de Japón ordenó a todas las universidades públicas del país que cierren las carreras en ciencias sociales, humanidades y leyes.

Hakubun Shimomura

 

La orden fue enviada por el ministro de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología, Hakubun Shimomura. Las dos mayores universidades de Japón ya se opusieron a dicha reforma, pero docenas de universidades que dependen del presupuesto del gobierno han cedido. En estas universidades no habrán licenciaturas en economía, derecho, literatura, sociología o ciencias políticas. Este cambio drástico merece mayor atención de lo que está recibiendo, y muestra un signo de vulnerabilidad en Japón.

En primer lugar, eliminar las ciencias sociales significa un regreso a una política industrial fallida y anticuada. Muchos observadores interpretan el cambio como una política económica cuyo fin es mover a la población japonesa hacia la ingeniería y otras habilidades técnicas y apartarlos de disciplinas poco concretas. Pero si este es el objetivo, Japón se dirige a un camino terrible.

 

El rápido crecimiento de Japón durante los sesentas y setentas se basó en las industrias de la manufactura. Esta etapa es común en todos los países en desarrollo. Pero una vez que se vuelven países desarrollados, normalmente se mueven a las industrias de servicios. Las finanzas, consultoría, aseguradoras, mercadotecnia y otras industrias de servicio no producen bienes materiales, pero ayudan a organizar los patrones de producción de manera más eficiente, algo que Japón necesita desesperadamente. Ya que es un país con una población decreciente, sólo puede crecer al aumentar la producción.

Universidades de Japón

Pero la productividad japonesa ha decrecido lentamente desde la década de los noventa, quedando muy detrás de Estados Unidos. Si Japón pretende corregir esto, necesitará más que la mano de obra calificada. Necesitará administradores que se puedan comunicar con los ingenieros y entre sí. Necesitará pensadores conceptuales que puedan formular planes de negocios y una visión estratégica. Necesitarán promotores que puedan establecer una marca reconocida. Necesitarán analistas financieros que puedan canalizar los ahorros lejos de industrias caducas y hacia industrias nuevas y productivas. Necesitarán abogados para sortear los casos de propiedad intelectual y ayudar a los negocios a navegar los sistemas legales internacionales. Necesitarán consultores que evalúen las operaciones de compañías improductivas y estancadas y ayudarlas a que vuelvan a ser productivas.

En otras palabras, necesitarán egresados de ciencias sociales y humanidades. El cambio en la educación es un paso hacia atrás. Pero lo que esto indica sobre el proceso de toma de decisiones políticas es aún más preocupante.

Pueden o no haber razones políticas para el cambio. Los departamentos de humanidades, como en Estados Unidos, tienden hacia la izquierda política, y la administración conservadora está en proceso de reorientar su política de seguridad. Aún más, el cambio puede ser parte de un atentado mayor de parte de los conservadores sociales, el principal grupo de poder de Shinzo Abe, para mover al país a una dirección más neoliberal y sofocar la disidencia.

humanidades y ciencias sociales serían canceladas

Pero lo más importante de todo esto es que muestra lo arbitarario y disfuncional que es el proceso de toma de decisiones. De acuerdo a Takuya Nakaizumi, profesor de economía de la universidad de Kanto Gakuin, probable mente los cambios no fueron escritos por el ministro Shimomura, sino por los miembros más jóvenes del Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología (Monbukagakusho). De ser así, esto significa que los cambios radicales en la política que afectarán a todas las estructuras económicas y sociales del país se están haciendo por oficiales inexpertos por medio de procesos opacos.

Nakaizumi también sugirió que los cambios pueden llevarse a cabo por el ministerio sin tener que consultar al Ministerio de Finanzas (MOF) o al Ministerio de Economía (METI). Esto lo hace aún más preocupante, ya que el METI y el MOF entienden la necesidad de Japón de consturir un sector de servicios más robusto. Pero si ellos no firmaron este debacle educativo, significa que la política socava sus objetivos en sus propias narices.

Estas son malas noticias para Japón, ya que indica que un aparato político desorganizado y confundido . La naturaleza arbitraria y repentina, y el hecho que vino de los ministros en lugar del poder legislativo, señalan la penosa falta de pesos y contrapesos en el sistema japonés. Se necesitan de movimientos populares grandes y costosos para deshacer las malas políticas llevadas a cabo por oficiales irresponsables por debajo de la mesa. Tales movimientos ya se están gestando para luchar contra los cambios en la política educativa. Pero aún y cuando triunfen, los cambios habrán creado grandes riesgos y pérdidas.

Universidades de Japón 2

Japón necesita continuar educando a estudiantes en ciencias sociales y humanidades. Lo necesita para evitar un atentado condenado al retorno a un modelo de economía de país en desarrollo. Necesita un régimen más transparente y menos arbitrario. La proclamación del ministro Shimomura adolece de todo esto.

 

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