El estereotipo japonés del sarariman

Trabajar hasta deshoras en una empresa, ir con sus compañeros del trabajo a tomar, llegar a las tres de la mañana a su casa y levantarse temprano para ir a trabajar. Aceptar trabajos tediosos y permanentes, sin preguntar o sin pensar en cambiarse de trabajo. Ése es el estereotipo del trabajador de cuello blanco japonés.

El sarariman (サラリーマン, del inglés salary man). El término fue acuñado durante la década de 1920 para referirse a la nueva clase laboral que llevó al país a la industrialización y la modernización en el periodo de la posguerra, después de que Japón había quedado devastado. En un principio el término significaba éxito, el logro de conseguir el estatus de clase media. Lo más importante es que significaba estabilidad. En estos tiempos no era fácil mantener un empleo estable. Ser un sarariman quería decir obtener un salario fijo,  capacitación de la empresa, un empleo permanente y varios beneficios. De esta manera, los estudiantes universitarios no escogían una carrera, escogían una compañía.

El sarariman se caracteriza sobre todo por permanecer en la oficina hasta altas horas de la noche, cuando el jefe decida retirarse. Los empleados japoneses por lealtad deciden permanecer hasta que el jefe deje la oficina. Por ello es normalmente aceptado ver trabajadores dormidos en lugares públicos, como en el metro o en un café. La falta de sueño ha dado lugar al término karōshi (過労死, muerte por exceso de trabajo), que se refiere a muerte espontánea por cansancio. Desde 1980 se ha registrado al karōshi como una causa de muerte.

Sin embargo esta estructura de trabajo ha ido cambiando con el transcurso del tiempo. El sistema de paga se basa en la antigüedad del trabajador, y no tanto en el esfuerzo o el mérito que este haga (hay una frase que dice que el clavo que sobresale es martillado), y esto ha desalentado a varios jóvenes trabajadores que buscan empresas con sistemas occidentales de paga. Estas empresas ofrecen horarios más flexibles, menos horas de trabajo y más días de vacaciones. Si bien las antiguas empresas japonesas ofrecen mejores prestaciones (subsidios en vacaciones y renta de un hogar, entre otras cosas), hoy en día se ha vuelto una carga costosa para las empresas, que se han visto obligadas a bajar su nivel de prestaciones.

En conclusión, hoy en día los jóvenes que entran al mercado laboral se niegan a hacer del trabajo el centro de sus vidas. La globalización y la introducción de empresas extranjeras ha ayudado a que ellos valoren otras opciones de trabajo, obligando a las empresas japonesas a modificar sus estructuras salariales.

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