Mitología y folclor japonés – El origen de Japón y su gente

La historia del origen de Japón se encuentra en el Kojiki, el “Registro de las cosas antiguas”. El Kojiki es una compilación que data del 500 al 700 a. de C. y fue un intento de estandarizar y preservar la historia mítica de Japón. El Kojiki no habla del origen del universo en sí, pero sí de la historia del origen del Japón y de las familias aristocráticas.

Izanami e Izanagi 1

Cuando el cielo y la tierra comenzaron a existir, tres dioses aparecieron. Los tres espíritus eran invisibles. Para entonces el planeta era joven y la tierra flotaba como aceite, y del suelo surgieron tallos de juncos. De estos juncos aparecieron dos divinidades más. Después de ellas, cinco o seis pares de dioses también aparecieron, y los últimos de esta generación eran Izanagi e Izanami, que quieren decir “El hombre que invita” y “La mujer que invita” respectivamente.

Izanami e Izanagi 2

Las primeras cinco divinidades encomendaron a Izanagi e Izanami la tarea de crear la tierra de Japón, y le dieron a la pareja una lanza con gemas incrustadas. Desde el puente flotante del cielo sumergieron la lanza en el océano y lo agitaron. Al sacar la lanza, las gotas formaron una isla a la que descendieron. En esta isla construyeron un palacio para su boda y una gran columna que llegaba al cielo.

Izanami examinó su cuerpo y encontró que una parte no había crecido, y se lo dijo a Izanagi, quien dijo que su cuerpo estaba bien formado, pero que al contrario esa parte había crecido en mayor medida. Le propuso unir ambas partes y así crearían una nueva tierra. Al llegar al pilar, ella saludó a Izanagi diciendo “Qué buen hombre”, y él respondió diciendo “Qué buena mujer”. Entonces procrearon y dieron a luz a un niño sanguijuela al que pusieron en una canasta y dejaron ir río abajo. Después dieron luz a una isla flotante que tampoco reconocieron como su hijo.

Decepcionados por sus fracasos regresaron al cielo y consultaron con los dioses. Los dioses les explicaron que la causa de sus dificultades era que la mujer había hablado primero antes de procrear. Izanagi e Izanami regresaron a la isla y de nuevo se vieron detrás del pilar. Esta vez Izanagi saludó primero e Izanami respondió. Finalmente procrearon ocho de las principales islas de Japón y seis islas menores. También nacieron una variedad de dioses que habitaron las islas, incluyendo el dios del mar, el de los estrechos, de los ríos, vientos, árboles y montañas. Finalmente Izanami dio a luz al dios del fuego, y sus genitales ardieron tanto que murió.

Izanagi estuvo de luto, y una nueva deidad nació de sus lágrimas. Apesadumbrado después del entierro de Izanami, usó su espada para decapitar a su hijo, el dios del fuego, cuyo nacimiento había dado muerte a Izanami. De la sangre de su espada nacieron tres dioses de piedra, dos de fuego y uno de agua, y todos se necesitan para hacer una espada. Ocho nuevos dioses surgieron del cuerpo del hijo de Izanagi e Izanami.

Izanagi extrañaba a Izanami, por lo que fue al inframundo para buscarla. Al encontrarla en la oscuridad la llamó y le pidió que regresara a la tierra a vivir con él. Ella prometió que preguntaría a los dioses del inframundo, pero le pidió que no la mirara. Tardó mucho tiempo, así que Izanagi se desesperó y rompió un trozo de su peineta y le prendió fuego. Entonces encontró el cuerpo de Izanami lleno de gusanos que la devoraban, y estos gusanos eran ocho dioses del trueno. Avergonzado de haber sido vista en esta condición, Izanami corrió a Izanami del inframundo, enviando a los dioses del trueno tras él y después lo persiguió ella misma. Enfurecida, le gritó que cada día mataría a mil personas de Japón. Él respondió que si hacía eso, él crearía quince mil personas por cada mil que ella matara. Así nacieron quince mil hijos cada día y cada día morían mil.

Amaterasu y Susanoo

Izanagi regresó a su hogar y se bañó para purificarse. Mientras se desvestía, nuevas divinidades surgieron de su ropa, y otros más aparecieron cuando se bañó. Tres de estos dioses fueron ancestros de las familias japonesas. La última deidad era un hijo, Susanoo, quien se volvió el dios del mar. Eventualmente fue exiliado a la tierra por su conducta en el cielo, pero él y su hermana, diosa del sol, dieron a luz a ocho dioses. Entre estos se encontraba el ancestro de la familia Yamato que gobernó Japón, y otros dos más fueron ancestros de diecinueve de las familias más importantes.

Emperador Jinmu

Cuando los dioses pacificaron la tierra, la diosa del sol despachó al primer emperador de Japón de los cielos a la tierra. Descendió del puente flotante del cielo a la cima de la montaña, donde construyó su palacio. Eventualmente se encontró con una mujer joven, la princesa de los Capullos Brillantes, y le pidió matrimonio. El padre de la princesa también le dio a su otra hija, la Princesa Larga como las Rocas. El nuevo emperador rechazó a la hermana mayor debido a su fealdad. Al enterarse el padre, explicó que había ofrecido a su hija mayor para que sus hijos vivieran eternamente. En su lugar, los hijos de la princesa de los Capullos Brillantes eran mortales, y es por eso que los emperadores no viven para siempre.

Pronto la princesa de los Capullos Brillantes tuvo un hijo, tan pronto que el emperador desconfiaba de que fuera suyo. Para probarlo, ella construyó un palacio y se encerró y le prendió fuego, sabiendo que sólo los hijos del emperador sobrevivían al fuego. Entre las flamas dio a luz a tres dioses más, cuyos descendientes formaron la familia imperial de Japón.

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