El mito de los zaibatsu y keiretsu

Zaibatsu

Cuando se habla de la economía japonesa es inevitable hablar de las grandes compañías japonesas que existen hoy en día. Muchas de ellas tuvieron su auge en la Restauración Meiji y sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial. De ellas se decía que pertenecían a una familia única que abarcaba toda la línea de producción, concentrando todo el poder de la empresa en una sola familia. Eran apodadas zaibatsu (財閥, “grupo adinerado”). Desde las minas hasta una compañía exportadora, pasando por todas las industrias que llevaban a cabo el proceso de producción y bancos, todo se encontraba en manos de pocas familias.

Sin embargo, con el fin de la Segunda Guerra Mundial la constitución fue modificada para prohibir la concentración de estos negocios en una sola familia. Muchas de esas empresas pasaron a manos de otros dueños, pero algunas cuantas lograron evadir la ley y permanecieron de pie. Estas empresas fueron conocidas como keiretsu (系列, literalmente “secuencia”. Se refiere al control de la cadena de producción). Empresas como Mitsui, Mitsubishi, Dai Ichi, Kangyo, Sumitomo, Kanwa o Fuyo se dice que operan bajo este sistema.

Los zaibatsu existieron antes de la Segunda Guerra Mundial, y eran organizaciones que chantajeaban al gobierno para obtener concesiones, logrando así hacer grandes bancos familiares. Más adelante usaron los bancos para construir grandes imperios empresariales. Las firmas que buscaran un crédito tenían que acudir a uno de estos bancos, que pertenecían a alguna de las grandes familias, y éste le prestaría dinero con un interés altísimo, mientras que a miembros de la familia les daría facilidades.

Desmantelamiento de los zaibatsu

De acuerdo al rumor, los keiretsu se encuentran en todos lados. Al prender la televisión, al comprar un periódico, comer en una cadena de comida rápida, o incluso en el trabajo. Estas empresas siguen operando hoy en día, excluyendo a compañías extranjeras, acaparando a la economía japonesa. Prácticamente todas las actividades económicas pertenecen a un keiretsu, y más de 31 millones de personas en Japón se encontraban relacionados de una manera u otra con estas grandes compañías. Como la familia es dueña de los bancos, se otorgan préstamos a sus propias empresas, reciben consejo comercial estratégico y ayuda en tiempos de crisis, obteniendo seguros incluso en empresas de alto riesgo. Incluso las acciones se compran entre ellos, para evitar que salgan al mercado y mantienen un control del precio de los productos.

Por más fascinante que suene esta historia, afortunadamente es un mito. En un libro titulado “La fábula del Keiretsu”, los investigadores Yoshiro Miwa y J. Mark Ramseyer revelan algunas verdades sobre los zaibatsu y los  keiretsu. A pesar de que ambos modelos de corporación sí existieron, hay muchos rumores que se dicen de ellos en occidente. Por ejemplo, es un mito que las grandes compañías tuvieran un banco central dentro del zaibatsu. En lugar de eso, emitían acciones, vendían bonos y retenían las ganancias. Los bancos jugaban un rol muy pequeño en el financiamiento de estas empresas. Incluso grandes empresas como Suzuki no recurrieron a préstamos bancarios, y no pertenecían a ningún zaibatsu.

Mitsubishi

En cuanto a los keiretsu en realidad consisten en reuniones de almuerzo de corporaciones que hasta antes de la Segunda Guerra Mundial habían estado en un zaibatsu. Sin embargo, muchas de estas  compañías se debilitaron después de ser separadas de los zaibatsu, por lo que su poder era mínimo. Muchas de estas empresas cambiaron su nombre al separarse del zaibatsu, pero por cuestiones de prestigio lo retomaron. Así vemos empresas como Sumitomo Metals, Sumitomo Chemicals, Mitsubishi Chemicals y Mitsubishi Petrochemicals, que pertenecían a las agrupaciones de Sumitomo y Mitsubishi respectivamente, pero que actuaban de manera independiente, tomando sus propias decisiones. Hoy en día las reuniones se siguen llevando a cabo, pero el número de asistentes es reducido, y en lugar de asistir el director, asiste un encargado de Relaciones Públicas. Esto no quiere decir que haya dejado de importar, pero sí que ha pasado a un segundo plano.

Los investigadores Miwa y Ramseyer concluyen en sus investigaciones que los asistentes a dichas reuniones no son tantos como se pensaba en especulaciones previas, además que muchas de estas compañías no comercian entre sí. El porcentaje promedio de comercio dentro del grupo es del 2.38%, y las mismas compañías adquirieron materiales dentro del grupo en tan sólo un 6.71%. Esto desmiente el rumor de que las empresas comercian entre sí para beneficiarse recíprocamente. Incluso las compañías no poseen muchas acciones de otras compañías dentro del mismo grupo.

En conclusión, aunque sí existieron grandes empresas familiares antes de la Segunda Guerra Mundial, su poder no era ilimitado, y no contaban con un banco central que les proveyera de créditos ventajosos contra otras empresas. A pesar de que al final de la guerra, con la nueva constitución de 1947, muchas de estas empresas pasaron a otras manos fuera de la familia, y a pesar de eso seguían reuniéndose en almuerzos para discutir de diversos temas (ambos investigadores señalan que hablaban la mayoría del tiempo de temas triviales como viajes por Europa y pocas veces de negocios). La visión que tenemos de Japón es una combinación de orientalismo con ideas confucianistas de apoyo familiar con la estructura económica de un país, cuando en realidad el homo economicus es la norma. Mitos similares a los del keiretsu que persisten hoy en día son, por ejemplo, que los japoneses trabajan horas extras en señal de huelga, o que ocho atletas japoneses murieron al esforzarse de más en una competencia de remo de 1964 para demostrar que Japón era un país desarrollado. Mitos urbanos que se crean de un país distante, pero que socialmente opera con demasiada similitud a los países de occidente.

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