Reformas Taika

Reformas Taika
Después de la muerte del príncipe Shotoku en el 622, la política japonesa fue dominada por el clan Soga. Este periodo fue de muchos cambios, ya que el sistema de clanes comenzó a desmoronarse. Este sistema proponía la agrupación en comunidades agrícolas bajo el mando vertical de un líder religioso y que garantizaba la herencia de privilegios dentro de una misma familia. 
En el año 645 se organizó un golpe de estado por el principe Naka-no-oe, quien después se volvió en el Emperador Tenji, y por Nakatomi-no Kamatari. Ambos fueron los responsables de llevar a cabo las reformas taika. Los principales objetivos de estas reformas eran llevar más centralización e incrementar el poder de la corte imperial. Para ello, el gobierno japonés adquirió un modelo similar al de la dinastía T’ang en China, que consistían en poner una especie de impuesto en forma de servicio o especie, además de un sistema de tenencia de tierra.
Las reformas fueron un gran paso en un intento de nacionalizar la tierra y crear una red de instituciones subordinada al gobierno central. Sin embargo, en la práctica, las previsiones de las reformas quedaron en buenos deseos, ya que el gobierno carecía del poder para aplicarlas, debido a la constante lucha entre la corte imperial y señores feudales. Incluso si las reformas se hubieran implementado, esto no quiere decir que los clanes fuertes perderían poder.
 Emperador Tenji
El edicto de las reformas taika proponía cuatro puntos:
  1. La abolición de títulos de los príncipes imperiales otorgados a siervos, títulos de tierra, títulos de propiedad que tenían los ministros y funcionarios de la corte, de nobles locales y jefes de aldea. En su lugar, todos estos nombramientos y títulos serían otorgados por un daibu (jefe de buró del distrito). 
  2. La capital tendría un sistema administrativo. Se nombrarían gobernadores locales y de distrito. Se construirían murallas y puestos de avanzada, y guardias y puestos de caballería facilitarían el transporte y comunicación. Se impondría un consejal por aldea, designado por ser la persona más honesta de la misma. De no haber alguna considerada para el puesto, se escogería uno de la aldea más próxima.
  3. Los registros de propiedad, fiscales y reglas para asignación y redistribución de tierra se establecerían.
  4. Impuestos antiguos y labores forzadas se reemplazarían por un sistema de impuestos en base al tamaño del cultivo de arroz. Estos impuestos se pagarían en seda.

Las reformas iban más allá de establecer una burocracia centralizadora. Incluso se pretendía establecer un sistema de aldeas estático, en el que las aldeas se conformarían de cincuenta familias. Para fines de recaudación fiscal, se proponía una clasificación por edades en infantes (0 a 3 años), niños (de 3 a 16), jóvenes (de 16 a 20), personas sanas (de 20 a 61), ancianos (de 61 a 66) y hombres de edad (66 en adelante). La gente exenta de pagar impuestos eran hombres de 16 años para abajo, miembros de la familia imperial, personas cubiertas por otra persona, ancianos, personas con deformidades o lisiadas, personas enfermas, mujeres, y sirvientes y esclavos.

Asimismo, se estableció un sistema de herencia reglamentado, que consistía en las siguientes proporciones: 2/7 para la madre, 2/7 para la madrastra, 2/7 para los hijos de la esposa, y 1/7 a los hijos de las concubinas. Los hombres podrían contraer matrimonio a la edad de quince, y las mujeres a la edad de trece. La mujer debía tener el consentimiento de uno de sus padres o de sus abuelos paternos. Asimismo, un hombre se podía divorciar de su esposa si no le daba hijos, si cometía adulterio, si desobedecía a sus suegros o cuñados, si hablaba mucho, si robaba, si era celosa o si estaba enferma de gravedad. Sin embargo, había leyes que podían impedir el divorcio, como si ella era el sustento de la casa, si desde el matrimonio la casa había mejorado su estatus, o si no había quién recibiera a la mujer.

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