La pintura en la cultura japonesa

Las artes pictóricas japonesas son una importación de la técnica china, pasada a Japón por medio de los coreanos. Si bien en un principio el estilo imita al chino, gradualmente se va adaptando a un estilo más autóctono. Con el ascenso de la clase terrateniente, que comienza a desplazar a la clase noble, hay una división en el estilo: los primeros preferían un realismo, mientras que los segundos un conservadurismo.

Posteriormente, con el shogunato de Oda Nobunaga, se favorece un estilo auténtico, conocido como la escuela de Kano, que consistía en pinturas coloridas plasmadas en biombos o paredes.

En el periodo Edo el estilo predominante era el de Ukiyo-e, que eran pinturas que reflejaban el estilo desinhibido de vida. Los temas principales de este tipo de pintura son los burdeles y los teatros kabuki. Este estilo comenzó como manuales de sexo o retratos de prostitutas haciendo actividades mundanas, pero pronto se transformó en un arte delicado, retratando en pinturas la belleza femenina. Este género influenció a artistas impresionistas como Van Gogh o Degas.

Luego de la restauración Meiji las artes occidentales influenciaron el estilo japonés. Pintores como Umehara, Ryuzaburo y Yasui Sotaro estudiaron con grandes pintores como Renoir y Pisarro.

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